domingo, 16 de junio de 2013
Todo lo demás
A veces me preocupo,
quizás demasiado,
por el mundo,
por la justicia y su inexistencia,
por la igualdad, por el cambio,
por el dinero, su sombrero de copa y su poder.
A veces me enfado,
quizás demasiado,
por conocer más gente que personas,
por tener que ser parte, algunas veces,
de una obra de teatro por la que ni siquiera he pagado,
por la altura de la libertad y la imposibilidad de mis alas,
por la opresión de mi voz y la de mi pueblo.
A veces,
quizás demasiado,
me enamoro de la poesía,
me veo en ojos de otros,
sueño más tiempo del que tengo,
encuentro el aliento en botellas de cerveza,
veo que la felicidad es la música.
Y a veces,
y sé que no demasiado,
veo tu cara en cada sonrisa,
hago de una canción nuestro hogar,
te llamo sabiendo que no estás y sin embargo me oyes,
me muero de ganas por verte y sobrevivo para hacerlo,
y sé que todo lo demás no importa
si tú estás conmigo.
domingo, 19 de mayo de 2013
Nos dijimos "adiós"
La primera vez que nos dijimos "adiós"
fue también la primera que dijimos "hola" a quienes somos ahora.
Después de descubrirnos noche a noche,
de hacer de la amistad algo más bonito que eso,
de comernos el verano en la boca del otro,
de mirar el mundo desde los mismos ojos,
no topamos de frente con que los sentimientos
siempre van un paso antes
y ya era demasiado tarde para hacer nada.
Después de quitarnos los miedos,
de dejarnos sólo la libertad en la piel,
trajiste toda la primavera de golpe, aunque fuese otoño,
y entonces el invierno llegó más tarde.
Nos dijimos "adiós" como quien dice "hasta siempre",
con ese "quizás" que se esconde detrás del silencio.
Nos dijimos "adiós" como sabiendo que el olvido nunca olvida,
como haciendonos un traje de todos los recuerdos.
Nos dijimos "adiós", y el reloj nos pilló una vez más a medias.
Nos dijimos "adiós" sin mirarnos a los ojos,
sin ni siquiera despedida,
y entonces los motivos se los quedó el tiempo.
Nos dijimos "adiós"
sabiendo que este no era nadie ni para ti , ni para mí.
Y al final, ninguno lo dijo,
y sólo nos dimos las buenas noches.
Otra noche más.
fue también la primera que dijimos "hola" a quienes somos ahora.
Después de descubrirnos noche a noche,
de hacer de la amistad algo más bonito que eso,
de comernos el verano en la boca del otro,
de mirar el mundo desde los mismos ojos,
no topamos de frente con que los sentimientos
siempre van un paso antes
y ya era demasiado tarde para hacer nada.
Después de quitarnos los miedos,
de dejarnos sólo la libertad en la piel,
trajiste toda la primavera de golpe, aunque fuese otoño,
y entonces el invierno llegó más tarde.
Nos dijimos "adiós" como quien dice "hasta siempre",
con ese "quizás" que se esconde detrás del silencio.
Nos dijimos "adiós" como sabiendo que el olvido nunca olvida,
como haciendonos un traje de todos los recuerdos.
Nos dijimos "adiós", y el reloj nos pilló una vez más a medias.
Nos dijimos "adiós" sin mirarnos a los ojos,
sin ni siquiera despedida,
y entonces los motivos se los quedó el tiempo.
Nos dijimos "adiós"
sabiendo que este no era nadie ni para ti , ni para mí.
Y al final, ninguno lo dijo,
y sólo nos dimos las buenas noches.
Otra noche más.
sábado, 27 de abril de 2013
18.
Un día te levantas y alguien te dice que es 26,
que ya son 18,
te miras al espejo y te ves a tus ojos,
o a los de él,
y te das cuenta de que el reloj nunca ha contado contigo para nada.
Ni siquiera cuando lo amenzabas con secuestrar al tiempo
si no se paraba para tenerlo a él un rato más.
Y lo odias.
Te vuelves a mirar, y ya no ves lo mismo.
Ves a esa que eras tú, con 5 años,
con toda la vida bajo tus pies
y el suelo vacío para llenarlo de huellas.
Hubo un día,
en el que dejé las muñecas para convertirme en una de ellas
hasta que comprendí
que las muñecas no son más que una cara bonita
y un trozo de plastico,
y yo nunca he querido ser eso.
Quizás por eso, he aprendido que las muñecas realmente bonitas
no se ven a primera vista,
ni siquiera a segunda.
Pasé, de tirar piedras a brujas que sólo me hacían reir,
a querer tirárselas a antidisturbios que sólo sabían hacerme llorar.
Y grité, de rabia esta vez,
y volví a ser esa que lloraba cuando no se hacía lo que ella quería,
cuando se caía y veía la solucción al problema
en un chicle y 10 minutos más de diversión.
Y nos divertíamos.
Y jugábamos. Jugábamos a ser mayores,
sin saber el riesgo que eso tenía,
sin saber que las reglas cambian según pasan los años.
Y es que ahora, ya no jugamos juntos,
ni entre nosotros,
jugamos unos contras otros,
ignoramos los sentimientos
y creemos conocernos más con miles de preguntas
que con un simple: "Hola, soy Cristina, ¿quieres jugar conmigo?"
Y de eso nos servíamos antes para sonreir.
Y así es ahora.
Juzgamos más por apariencia que por personalidad,
y no le damos tiempo a la primavera para que venga
y poetice flores.
Pasábamos las horas sin pensar en nadie
y esa era la clave de la felicidad,
porque ahora nos necesitamos,
regalamos trozos de corazón,
y eso nunca ha sido ganar.
Y te vuelves a mirar y ya no ves a nadie,
porque la niña es demasiado pequeña
y la mujer es demasiado mujer...para ti.
que ya son 18,
te miras al espejo y te ves a tus ojos,
o a los de él,
y te das cuenta de que el reloj nunca ha contado contigo para nada.
Ni siquiera cuando lo amenzabas con secuestrar al tiempo
si no se paraba para tenerlo a él un rato más.
Y lo odias.
Te vuelves a mirar, y ya no ves lo mismo.
Ves a esa que eras tú, con 5 años,
con toda la vida bajo tus pies
y el suelo vacío para llenarlo de huellas.
Hubo un día,
en el que dejé las muñecas para convertirme en una de ellas
hasta que comprendí
que las muñecas no son más que una cara bonita
y un trozo de plastico,
y yo nunca he querido ser eso.
Quizás por eso, he aprendido que las muñecas realmente bonitas
no se ven a primera vista,
ni siquiera a segunda.
Pasé, de tirar piedras a brujas que sólo me hacían reir,
a querer tirárselas a antidisturbios que sólo sabían hacerme llorar.
Y grité, de rabia esta vez,
y volví a ser esa que lloraba cuando no se hacía lo que ella quería,
cuando se caía y veía la solucción al problema
en un chicle y 10 minutos más de diversión.
Y nos divertíamos.
Y jugábamos. Jugábamos a ser mayores,
sin saber el riesgo que eso tenía,
sin saber que las reglas cambian según pasan los años.
Y es que ahora, ya no jugamos juntos,
ni entre nosotros,
jugamos unos contras otros,
ignoramos los sentimientos
y creemos conocernos más con miles de preguntas
que con un simple: "Hola, soy Cristina, ¿quieres jugar conmigo?"
Y de eso nos servíamos antes para sonreir.
Y así es ahora.
Juzgamos más por apariencia que por personalidad,
y no le damos tiempo a la primavera para que venga
y poetice flores.
Pasábamos las horas sin pensar en nadie
y esa era la clave de la felicidad,
porque ahora nos necesitamos,
regalamos trozos de corazón,
y eso nunca ha sido ganar.
Y te vuelves a mirar y ya no ves a nadie,
porque la niña es demasiado pequeña
y la mujer es demasiado mujer...para ti.
miércoles, 24 de abril de 2013
La vida
Ando por la vida con los bolsillos vacíos de trabas y miedos,
y llenos de ti, y de todos los sueños que alguna vez se posaron en mi cama
fracasando en el intento de parecersete.
Ando por ahí con la sonrisa de quien lucha por tenerte,
con la de quien sonrie por haber encontrado la felicidad,
con la triste por no verte todos los días,
con el corazón lleno de palabras
desde el día en que te empecé a conocer.
Ando por ahí con la seguridad que da saber
que no hay nadie ahí fuera que sepa cómo te siento,
que no hay nadie que sepa silenciarte la voz,
que no hay nadie que haga mejor de "nosotros" que tú y yo.
Y por eso, yo, sólo quiero seguir andando,
que mis caminos se crucen con los tuyos,
que tus ojos sigan diciendo bajito "quédate",
que el destino tenga letras que escribirnos cuando sea invierno,
que la primavera la siga trayendo tu sonrisa
y que alguien me diga
cómo se camina si la meta no es tu boca esperando impaciente a la mía
y qué coño es el amor, si no es esto.
y llenos de ti, y de todos los sueños que alguna vez se posaron en mi cama
fracasando en el intento de parecersete.
Ando por ahí con la sonrisa de quien lucha por tenerte,
con la de quien sonrie por haber encontrado la felicidad,
con la triste por no verte todos los días,
con el corazón lleno de palabras
desde el día en que te empecé a conocer.
Ando por ahí con la seguridad que da saber
que no hay nadie ahí fuera que sepa cómo te siento,
que no hay nadie que sepa silenciarte la voz,
que no hay nadie que haga mejor de "nosotros" que tú y yo.
Y por eso, yo, sólo quiero seguir andando,
que mis caminos se crucen con los tuyos,
que tus ojos sigan diciendo bajito "quédate",
que el destino tenga letras que escribirnos cuando sea invierno,
que la primavera la siga trayendo tu sonrisa
y que alguien me diga
cómo se camina si la meta no es tu boca esperando impaciente a la mía
y qué coño es el amor, si no es esto.
viernes, 12 de abril de 2013
LOS PAPÁS Y LAS MAMÁS SIN TECHO
LOS PAPÁS Y LAS MAMÁS SIN TECHO
Los niños ya no juegan a los papás y a la mamás. Juegan a no tener empleo, a no poder pagar sus viviendas. Juegan a la lucha contra los bancos, al pago indefinido de lugares donde ya no viven, juegan a quedarse sin nada. Los niños juegan a no ser tan niños, a acabar sus estudios en busca de trabajo, a tenerlo y a quedarse sin él, a dejar su vida en manos de las decisiones de políticos a los que les importa nada si viven o mueren. Juegan a tener un lugar donde vivir con sus familias, a defender lo que es suyo. Pero, ahora, los niños ya no juegan a los papás y a las mamás. Ahora los niños juegan a ser unos sin techo.
El problema de los desahucios es uno de los problemas más graves actualmente. Cada día, en España, se ejecuta una media de 115 desahucios por día o, lo que es lo mismo, uno cada 15 minutos, según un estudio del Colegio de Registradores de España. Este estudio nos muestra además que gran parte de las viviendas desalojadas estaban radicadas las cajas nacionalizadas (Caja Madrid, Bancaja y Catalunya Caixa) las cuales vivieron el auge económico de la burbuja inmobiliaria y ahora sufren todo lo contrario. Los datos son estremecedores. 115 familias son echadas a la calle cada día, 115 al día se quedan sin la vivienda que han estado pagando, y que seguirán pagando, durante años. Esta situación ha provocado suicidios en personas afectadas por este problema, que se veían incapaces de hacer frente a esta situación. Realmente no son suicidios, sino asesinatos a manos de entidades financieras. Entidades financieras rescatadas con dinero público. Es realmente intolerable e inadmisible que en pleno siglo XXI el dinero siga estando por encima de las personas y sobre todo, que en un Estado Social y Democrático de derecho se estén ejecutando miles de desalojos mientras existen miles de viviendas vacías sin cumplir ninguna función. Mientras, el gobierno, lejos de parar esta triste situación, se decica a proteger a estas entidades financieras en vez de proteger los derechos de sus ciudadanos, como un buen goberno democrático. Por esto, España ha sido denunciada por los Derechos Humanos y más organizaciones sociales por incumplir tanto la Constitución como diversos tratados internacionales que han sido aceptados y firmados por el estado español. Esta medida atenta contra el artículo25 de la declaración universal de los derechos humanos, que dice: "Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios;". Atenta también contra el artículo 11 del Pacto Internacional de Derechos económicos, culturales y sociales, en el cual se dice que el estado esta obligado a poner todos sus esfuerzos en impedir los desalojos por motivos económicos y en caso de no evitarlos, debe actuar a favor de las familias para que se cumplan todas las garantías del proceso y estas tengan un realojo digno y favorable, y contra el artículo 47 de la Constitución Española, que dice:"Todos los españoles tienen derecho a una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo al interés general para impedir la especulación. La comunidad participara en las plusvalías que genere la acción urbanística.
Por consiguiente el problema de los desahucios no sólo afecta a las necesidades básicas de la población, sino que incumple leyes aprobadas por el propio gobierno. Y se ha llegado demasiado lejos. Es el momento de luchar por los derechos del pueblo, por una vida digna.
Los papás y las mamás ya no tienen techo, pero aún tienen voz.
Los niños ya no juegan a los papás y a la mamás. Juegan a no tener empleo, a no poder pagar sus viviendas. Juegan a la lucha contra los bancos, al pago indefinido de lugares donde ya no viven, juegan a quedarse sin nada. Los niños juegan a no ser tan niños, a acabar sus estudios en busca de trabajo, a tenerlo y a quedarse sin él, a dejar su vida en manos de las decisiones de políticos a los que les importa nada si viven o mueren. Juegan a tener un lugar donde vivir con sus familias, a defender lo que es suyo. Pero, ahora, los niños ya no juegan a los papás y a las mamás. Ahora los niños juegan a ser unos sin techo.
El problema de los desahucios es uno de los problemas más graves actualmente. Cada día, en España, se ejecuta una media de 115 desahucios por día o, lo que es lo mismo, uno cada 15 minutos, según un estudio del Colegio de Registradores de España. Este estudio nos muestra además que gran parte de las viviendas desalojadas estaban radicadas las cajas nacionalizadas (Caja Madrid, Bancaja y Catalunya Caixa) las cuales vivieron el auge económico de la burbuja inmobiliaria y ahora sufren todo lo contrario. Los datos son estremecedores. 115 familias son echadas a la calle cada día, 115 al día se quedan sin la vivienda que han estado pagando, y que seguirán pagando, durante años. Esta situación ha provocado suicidios en personas afectadas por este problema, que se veían incapaces de hacer frente a esta situación. Realmente no son suicidios, sino asesinatos a manos de entidades financieras. Entidades financieras rescatadas con dinero público. Es realmente intolerable e inadmisible que en pleno siglo XXI el dinero siga estando por encima de las personas y sobre todo, que en un Estado Social y Democrático de derecho se estén ejecutando miles de desalojos mientras existen miles de viviendas vacías sin cumplir ninguna función. Mientras, el gobierno, lejos de parar esta triste situación, se decica a proteger a estas entidades financieras en vez de proteger los derechos de sus ciudadanos, como un buen goberno democrático. Por esto, España ha sido denunciada por los Derechos Humanos y más organizaciones sociales por incumplir tanto la Constitución como diversos tratados internacionales que han sido aceptados y firmados por el estado español. Esta medida atenta contra el artículo25 de la declaración universal de los derechos humanos, que dice: "Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios;". Atenta también contra el artículo 11 del Pacto Internacional de Derechos económicos, culturales y sociales, en el cual se dice que el estado esta obligado a poner todos sus esfuerzos en impedir los desalojos por motivos económicos y en caso de no evitarlos, debe actuar a favor de las familias para que se cumplan todas las garantías del proceso y estas tengan un realojo digno y favorable, y contra el artículo 47 de la Constitución Española, que dice:"Todos los españoles tienen derecho a una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo al interés general para impedir la especulación. La comunidad participara en las plusvalías que genere la acción urbanística.
Por consiguiente el problema de los desahucios no sólo afecta a las necesidades básicas de la población, sino que incumple leyes aprobadas por el propio gobierno. Y se ha llegado demasiado lejos. Es el momento de luchar por los derechos del pueblo, por una vida digna.
Los papás y las mamás ya no tienen techo, pero aún tienen voz.
domingo, 17 de marzo de 2013
Azul
Hoy, he vuelto a soñar con nuestro futuro.
En él no había tiempo, no había relojes a los que intentar joder,
no había despedidas, no había inviernos que pasar sin ti.
Había todo lo que quisimos, y un poco de amor,
pero sin las cuatro letras que lo forman
para que el miedo de ambos a decirlo en voz alta
no nos hiciera dejar de sentirlo.
Había bares, poesía, viajes.
Ciudades donde recitarnos en cualquier idioma,
donde hacerte mío en cualquier parte meteorológico.
Versos donde pudiésemos poner
todas las blasfemias que se nos ocurriesen
para describirnos el uno al otro,
incluso alguna que inventamos
con el propósito de poder escribirlo luego
en todas las paredes en blanco.
Había días que pasar sin hacer nada más que mirárnos,
y aprendérnos el DNI del otro no en números,
sino en caricias.
Había, sobre todo, noches.
Vivíamos en la casita azul, que un día cantó Robe,
quizás para nosotros,
donde guardar todos los besos que nos debíamos
por si algún día los necesitábamos.
No había distracciones, no había tele. Tal y como tú quisiste.
Sólo había música para que yo bailase al son de tus ojos
mientras me mirabas.
Para decorarme más las mañanas donde me despertaba, y te veía.
Y en la preciosa plenitud de tenerte, la música, osea tu voz,
llenaba la habitación de no querer irme nunca.
No había miedos, no había derrotas,
no había silencios si no eran para llenarlos de gemidos.
Sólo había ropa para poder quitárnosla
y no volver a ponérnosla nunca.
No teníamos hijos porque a ti te gustaban demasiado
y no planebas tenerlos nunca.
Porque yo los odiaba
y planeaba tener 3 o 4.
O quizás una, y que fuese niña, para llamarla libertad.
Y que volase,
como volabas tú abriendo todas las ventanas
sólo con respirar.
En él no había tiempo, no había relojes a los que intentar joder,
no había despedidas, no había inviernos que pasar sin ti.
Había todo lo que quisimos, y un poco de amor,
pero sin las cuatro letras que lo forman
para que el miedo de ambos a decirlo en voz alta
no nos hiciera dejar de sentirlo.
Había bares, poesía, viajes.
Ciudades donde recitarnos en cualquier idioma,
donde hacerte mío en cualquier parte meteorológico.
Versos donde pudiésemos poner
todas las blasfemias que se nos ocurriesen
para describirnos el uno al otro,
incluso alguna que inventamos
con el propósito de poder escribirlo luego
en todas las paredes en blanco.
Había días que pasar sin hacer nada más que mirárnos,
y aprendérnos el DNI del otro no en números,
sino en caricias.
Había, sobre todo, noches.
Vivíamos en la casita azul, que un día cantó Robe,
quizás para nosotros,
donde guardar todos los besos que nos debíamos
por si algún día los necesitábamos.
No había distracciones, no había tele. Tal y como tú quisiste.
Sólo había música para que yo bailase al son de tus ojos
mientras me mirabas.
Para decorarme más las mañanas donde me despertaba, y te veía.
Y en la preciosa plenitud de tenerte, la música, osea tu voz,
llenaba la habitación de no querer irme nunca.
No había miedos, no había derrotas,
no había silencios si no eran para llenarlos de gemidos.
Sólo había ropa para poder quitárnosla
y no volver a ponérnosla nunca.
No teníamos hijos porque a ti te gustaban demasiado
y no planebas tenerlos nunca.
Porque yo los odiaba
y planeaba tener 3 o 4.
O quizás una, y que fuese niña, para llamarla libertad.
Y que volase,
como volabas tú abriendo todas las ventanas
sólo con respirar.
miércoles, 13 de marzo de 2013
El camino de vuelta
Cuando empezamos a ser,
aún no sé muy bien cuando,
empezó un camino de diferentes paradas
y destino en ningún lugar, pero juntos.
El camino de los suspiros a medio terminar,
de los sucidios en tu boca,
de los kilómetros de no poder tocarnos,
de las caídas que siempre acaban en tu cama.
Ví ese camino gracias a la luz que desprenden tus ojos,
fijos aunque cambien de color.
Caminé, como quien camina hacia cualquier lugar donde estás tú,
como se camina cuando es la poesía y el poeta a la vez
el que te espera al dar la esquina.
Me encontré, gracias a las huellas que dejaste
con cada una de las letras que forman "nosotros"
y tú ya sabes, que son muchas más de 8.
Me perdí, a veces, en todos los poemas que me escribiste,
en todas las cosas que supiste decirme en el momento justo,
en su exacta medida,
como si las hubieses leido directamente de mi cabeza.
Me ví en el cielo de repente,
y yo, sin chaleco salvavidas.
Me arriesgué todo el camino,
y eso fue lo realmente bonito.
Me escribiste un día, que entre tú y yo
había además un camino de vuelta.
Siempre. Pasase lo que pasase.
Que yo sabía cómo volver.
Que tenías la certeza de que no iba a olvidarlo.
Cómo olvidarlo...
Que aunque tú no creas en el destino,
yo creo por los dos.
Pero dime si vale la pena volver a ciegas,
sin saber si vas a estar tú al otro lado
de este camino de vuelta.
aún no sé muy bien cuando,
empezó un camino de diferentes paradas
y destino en ningún lugar, pero juntos.
El camino de los suspiros a medio terminar,
de los sucidios en tu boca,
de los kilómetros de no poder tocarnos,
de las caídas que siempre acaban en tu cama.
Ví ese camino gracias a la luz que desprenden tus ojos,
fijos aunque cambien de color.
Caminé, como quien camina hacia cualquier lugar donde estás tú,
como se camina cuando es la poesía y el poeta a la vez
el que te espera al dar la esquina.
Me encontré, gracias a las huellas que dejaste
con cada una de las letras que forman "nosotros"
y tú ya sabes, que son muchas más de 8.
Me perdí, a veces, en todos los poemas que me escribiste,
en todas las cosas que supiste decirme en el momento justo,
en su exacta medida,
como si las hubieses leido directamente de mi cabeza.
Me ví en el cielo de repente,
y yo, sin chaleco salvavidas.
Me arriesgué todo el camino,
y eso fue lo realmente bonito.
Me escribiste un día, que entre tú y yo
había además un camino de vuelta.
Siempre. Pasase lo que pasase.
Que yo sabía cómo volver.
Que tenías la certeza de que no iba a olvidarlo.
Cómo olvidarlo...
Que aunque tú no creas en el destino,
yo creo por los dos.
Pero dime si vale la pena volver a ciegas,
sin saber si vas a estar tú al otro lado
de este camino de vuelta.
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