Hoy he visto a la luna pedirle tu número
a la chica que te miraba al salir del metro.
Pero yo no se lo he dado.
Tú llevabas unos vaqueros caídos,
el pelo despeinado
y la sonrisa del que sabe ser feliz.
Llevabas además los ojos llenos de injusticias
que hubieses deseado no ver nunca
y las manos llenas de motivos para que así fuese.
Llevabas, en la boca, todos los sitios en los que siempre he querido estar
y en los bolsillos todo lo que te quedó por decirme a mí
y todo lo que te queda por decirle al mundo.
Llevabas el único corazón al que se dejó el mío
y la mirada del primero que supo mirarme y no sólo verme.
Por eso yo sigo menospreciando cualquier mirada que no sea la tuya,
sigo buscando entre colores el verde
y sigo intentando explicarme
frente a un mundo que no tiene explicación.
No tengo miedo
pero me faltan excusas
para empezar a mostrar
que sólo he aprendido a querer
sin propiedades ni trabas
porque es lo que significa el amor
y lo que yo espero de él.
Me faltan excusas
pero me sobran palabras para decir
que soy cualquier vaivén que no sabe lo que quiere
cuando vosotros sois lo que no quiero.
Contigo sé todo lo que tengo que saber:
que te quiero
y ni siquiera la luna puede hacerlo mejor que yo.
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