sábado, 5 de diciembre de 2015
Hace tiempo que dejé de buscar un mundo mejor
porque este me escogió a mí
y no creo en las casualidades.
Aprendí a amar a través de unos ojos verdes y tierra
que me enseñaron que la única forma de cambiar lo que nos rodea es amándolo;
sólo así tendremos la fuerza necesaria para conseguirlo.
No quiero escoger el camino fácil, encauzarme en la ira,
cubrir todo del cemento que nos encierra
y terminar diseñando mi propia jaula.
No estoy dispuesta.
Tengo el verde de sus ojos clavado en los míos
como un filtro natural de magia
para teñir todo de naturaleza y calma, de esperanza,
de en esencia pura,
de sentimientos sin contaminar.
Tengo la tierra de las semillas que crecían en su mirada
en las manos
para acariciar con ella todo lo que toco
y que el orgullo de quienes la trabajan haga de su voz la melodía que todos elijamos.
No elegí este mundo,
pero sí elijo esta vida.
Elijo cambiar, elijo crear,
elijo amar.
miércoles, 4 de noviembre de 2015
Balas en las fronteras(como LCDM)
Lo encontré
corriendo hacia mí cuando escapaba.
Me encontró,
de frente, a la vez que la vida que venía a buscar
y se asustó de
mis cicatrices de cadenas
de la cara
oculta del ocaso
del gris del
cielo que nos arropaba.
Me miró un
segundo
y pude ver su
futuro en un océano rojo sangre,
lleno de
cadáveres más vivos
que los
corazones de lxs asesinxs;
lxs que osan
controlarme,
años de lucha
hundiéndose
arrastrando su
cuerpo
hacia el
horizonte que esperaba
su alma
salvaje.
Lo encontré,
cuando escapaba,
por un camino
marcado con mis huellas
y las de todxs
escapando de un
fantasma que me sonrió
como
recordándome quién era yo
y a que lado
del mar pertenecía,
ignorando por
completo el color de mis lágrimas.
Él se encontró
con mi camino
y marcó sus
pasos
para no olvidar
su pasado
y poder moldear
el porvenir.
No sabía que
la tierra que pisaba
era hipocresía
vestida de ensueño.
Me habló de la
historia que abrazaba,
de los lazos de
su pueblo,
de su viaje
hacia ningún lugar
del arder del
corazón cuando vives sobreviviendo.
“La rutina es
el reloj que más me quema” le dije,
y él me
respondió que había dejado de contar el tiempo
cuando supo que
este también se compraba con dinero.
Justo lo que no
tenía.
Me cogió la
mano
y se sorprendió
de lo real de mi tacto;
había llegado
a pensar que al otro lado del estrecho
hasta el sol
amaba sólo su reflejo.
Tampoco se
equivocaba.
Sólo sus manos
heridas de vallas fronterizas
consiguieron lo
que ningún otro aquí:
empezar a
romper mis cadenas.
jueves, 3 de septiembre de 2015
-
Han pasado muchas cosas
pero han pasado
y no he podido parar ninguna.
No he descubierto nada nuevo sobre mí
en todas estas lunas a solas con mi cabeza;
no hay ninguna habitación ahí dentro
que ansíe algo más que la revolución.
Esta mirada se pierde
en un mirar hacia adelante que no existe. aún.
En un mirar hacia atrás que, a veces,
vuelve a sonreírme con timidez.
pero han pasado
y no he podido parar ninguna.
No he descubierto nada nuevo sobre mí
en todas estas lunas a solas con mi cabeza;
no hay ninguna habitación ahí dentro
que ansíe algo más que la revolución.
Esta mirada se pierde
en un mirar hacia adelante que no existe. aún.
En un mirar hacia atrás que, a veces,
vuelve a sonreírme con timidez.
martes, 18 de agosto de 2015
No sé si me equivoco buscando la libertad
en una sociedad que está atada,
si debería jugar con las cuerdas,
si debería apreciar el sol a través de ellas.
No sé si es este cristal
un espejismo de mis sueños,
si en mi cabeza caben más ganas
de las que existen ahí fuera
si las únicas redes que me encierran
son las que aparecen al pensar en una tierra sin fronteras.
En este pensamiento aislado
sólo puedo ver mil letras ondeando;
no estoy sintiendo nada nuevo.
Alguien inventó la libertad hace tiempo
y no nos enseñó cómo amarla.
Sólo nosotros lo sabremos, supongo.
O sólo yo la deseo, no lo sé.
Quién puso las reglas y para qué,
a quién le rindo cuentas de mis excesos,
quién esta fuera de todo: ¿yo o ellos?,
quién se equivoca de dirección
si es que alguien lo hace.
Nunca sentiremos lo mismo
y nos seguimos empeñando
en poner un nombre a los sentimientos.
Yo no sé a dónde voy,
pero sí sé a dónde nunca iría.
No quiero vivir entre 4 líneas pintadas en un suelo
que me pertenece porque algún cualquiera lo dijo,
porque las pintó otro cualquiera
que sólo pensaba en él y en su "ellos",
que nunca pensó en mí.
Quiero dejarme los nudillos
en borrar el camino que me marcaron.
Dame una tiza,
voy a pintar un circulo sin ningún continente y mil mares
que sonría diciendo:
"aquí estoy, sólo hacía falta dibujarme."
en una sociedad que está atada,
si debería jugar con las cuerdas,
si debería apreciar el sol a través de ellas.
No sé si es este cristal
un espejismo de mis sueños,
si en mi cabeza caben más ganas
de las que existen ahí fuera
si las únicas redes que me encierran
son las que aparecen al pensar en una tierra sin fronteras.
En este pensamiento aislado
sólo puedo ver mil letras ondeando;
no estoy sintiendo nada nuevo.
Alguien inventó la libertad hace tiempo
y no nos enseñó cómo amarla.
Sólo nosotros lo sabremos, supongo.
O sólo yo la deseo, no lo sé.
Quién puso las reglas y para qué,
a quién le rindo cuentas de mis excesos,
quién esta fuera de todo: ¿yo o ellos?,
quién se equivoca de dirección
si es que alguien lo hace.
Nunca sentiremos lo mismo
y nos seguimos empeñando
en poner un nombre a los sentimientos.
Yo no sé a dónde voy,
pero sí sé a dónde nunca iría.
No quiero vivir entre 4 líneas pintadas en un suelo
que me pertenece porque algún cualquiera lo dijo,
porque las pintó otro cualquiera
que sólo pensaba en él y en su "ellos",
que nunca pensó en mí.
Quiero dejarme los nudillos
en borrar el camino que me marcaron.
Dame una tiza,
voy a pintar un circulo sin ningún continente y mil mares
que sonría diciendo:
"aquí estoy, sólo hacía falta dibujarme."
lunes, 3 de agosto de 2015
Había un cielo entre tú y yo
pero tampoco ahí cabían mis ganas,
mis lamentos de tiempos fugaces,
mis lazos para no atarte.
Había un cielo, en el que tus sonrisas latían junto a mi fe,
en el que no pensábamos en sentir, un cielo en el que juramos volar siempre hacia el mismo horizonte;
aunque fuese lejos y hubiese países y fronteras
y personas y años de por medio
y un ejercito de miedos que no iban a censurar nuestra sonrisa.
Caímos en las primeras redes
y ninguno de los dos lo llamó injusticia.
Lo dejamos estar, lo dejamos hacerse escombros.
Lo dejamos morir de tanto regarlo primero
y de negarle hasta las lágrimas luego.
No se acabó el amor,
se cortó la raíz cuando ella nos estaba respirando
y ni siquiera fue a tiempo.
Y esa no fui yo.
Aún me veo salvándote de cualquier guerra antes de recordar cómo me llamo.
Es mi forma de decir que el tiempo pasa y no lo veo,
que los sentimientos se transforman pero no mueren,
que los años se me escapan de las manos
pero el corazón sigue suspirando siempre por los mismos colores,
que sigue arrojando sentimientos antes de que yo los sepa nombrar.
Que esta nostalgia ya a veces consigue hacerme sonreír
y no me va tan mal.
pero tampoco ahí cabían mis ganas,
mis lamentos de tiempos fugaces,
mis lazos para no atarte.
Había un cielo, en el que tus sonrisas latían junto a mi fe,
en el que no pensábamos en sentir, un cielo en el que juramos volar siempre hacia el mismo horizonte;
aunque fuese lejos y hubiese países y fronteras
y personas y años de por medio
y un ejercito de miedos que no iban a censurar nuestra sonrisa.
Caímos en las primeras redes
y ninguno de los dos lo llamó injusticia.
Lo dejamos estar, lo dejamos hacerse escombros.
Lo dejamos morir de tanto regarlo primero
y de negarle hasta las lágrimas luego.
No se acabó el amor,
se cortó la raíz cuando ella nos estaba respirando
y ni siquiera fue a tiempo.
Y esa no fui yo.
Aún me veo salvándote de cualquier guerra antes de recordar cómo me llamo.
Es mi forma de decir que el tiempo pasa y no lo veo,
que los sentimientos se transforman pero no mueren,
que los años se me escapan de las manos
pero el corazón sigue suspirando siempre por los mismos colores,
que sigue arrojando sentimientos antes de que yo los sepa nombrar.
Que esta nostalgia ya a veces consigue hacerme sonreír
y no me va tan mal.
miércoles, 1 de julio de 2015
Dejadnos en paz
Hoy me he despertado mirando la misma
pared con la que me pego desde hace algunos años,
esa que llaman
realidad.
He mirado el reloj y he pensado en las personas que a estas
horas estarían echando de sus casas,
en las que estarían
amaneciendo con la salida del sol desde un banco cualquiera,
en las
que estarían apurando su abrir de ojos en un ojalá profundo de que
no fuese este el último.
Juro que le hes pensado.
Me he arrastrado hacia la rutina como
un ciervo que espera a que lo matenpero que no piensa dejar de correr,
con una sonrisa cansada pero ansiosa
con la esperanza de que hoy todo fuese distinto...pero no.
Las mismas caras largas,
los mismos cuerpos vacíos,
los mismos pensamientos fotocopiados,
el mismo idiota de siempre besando esa bandera llena de sangre
que ondea por toda esta ciudad.
Las mismas gotas salpicándome en la cara,
la misma rabia al sentirlas al lado de mis lágrimas.
No voy a sonreír ante mi propia muerte,
os estoy mirando desde una de nuestras
tantas cunetasesperando ese día en el que las campanas sólo suenen cuando sea fiesta
y en esa fiesta vea todas vuestras caras bajo rejas.
Estamos conviviendo en un mundo que
rompemos
mientras le ponemos parches,y yo me paso los días dibujando en mi cabeza
cómo desdibujar las fronteras que nos separan
pero si hay algo imposible de deshacer
son los lazos de dinero con los que nos ahorcan desde hace años
y que parece que sólo yo soy capaz de ver.
No entiendo las fronteras, ni la
desigualdad,
cómo alguien puede comer rompiéndole
la espalda al otro.No entiendo la palabra utopía si no significa acción para conseguirla,
no quiero escucharla más en vuestras bocas
cuando sólo esteis vomitando miedo.
Nada que queramos es inalcanzable,
pero el horizonte nos parece muy lejano
cuando lo miramos desde la ventana.
Llorar por el projimo nunca fue suficiente,
porque sus lágrimas salen de nuestras manos,
son lo que no hacemos,
lo que permitimos.
Mirar hacia otro lado no es solución,
es barbarie,
ya que dejamos a la muerte denzar a sus anchas
al menos llamemoslo por su nombre.
Es la mano ejecutora a la que odiamos,
a la que llenamos de insultos ,
pero rápidamente olvidamos la miseria del de al lado
si esa mano nos tapa la boca con comida.
Cada uno elige con quien caminar al lado.
Mil y una noches he pensado en hacerles
pagar yo misma
todas las muertes que cargan sobre su
espalda,las que aún siguen provocando,
las que algunos seguis aceptando,
pero luego he reconocido en mi misma la compasión
y me ha susurrado que yo no soy como ellos
y que nunca lo querría ser.
Nadie es un santo en un mundo de diablos
pero no todos escuchamos el mismo sonido ambiente en nuestro corazón.
Sigo con la fuerza intacta porque eso, según mi madre,
es lo que tiene que hacer la juventud.
Porque los años te destrozan
y te eneñan a hostias que al final eso que odiabas ver
es lo mejor que puedes hacer,
que los malos siempre ganan
y que tú no puedes hacer nada.
Pero yo sigo pensando que no
y “no” voy a seguir gritando ante cada injusticia que pase por delante de mis ojos,
porque sólo los quiero alimentar de amor.
La lucha no muere con una bala
ni nadie que se nos siga apareciendo
cada vez que soñamos despiertos.Por eso nunca mueres, comandante, por eso siempre te recuerdo.
Porque cuando no me queda esperanza,
desde esta jaula de papel desde la que escribo esto
solo puedo creer en alguien que teniendo mil pajaros en su mano
eligió soltarlos todos y regalarnoslos libres. Todo para todos.
Seguimos aprendiendo de ti,
alimentándonos de tu historia
nadie va a conseguir nublarnos tu rostro.
Dejadnos en paz, por favor,
sólo la queremos a ella.jueves, 28 de mayo de 2015
Los años que dejo atrás me parecen otras vidas.
Pero yo el mismo animal.
Me agazapo ante mi nostalgia,
respiro entre los espacios del reloj de arena en mi estomago
y juego al gato y al ratón con mis pensamientos. ...
Pero nunca gano.
Pero nunca encuentro donde encerrarlos.
Me decido a luchar contra ella
cada vez que cierro los ojos
pero la espada de madera con la que lucho arde cada vez que la toco.
Así empieza todo lo que no termino.
Siempre me pierdo antes de llegar al final.
Los caminos se me cruzan para convertirse en laberintos,
los ríos se vuelven lagos interminables de profundidad sentida,
las raíces de las flores que no puedo dejar de mirar
acaban haciendo un nudo alrededor de mi garganta
mientras que yo simplemente sigo mirándolas,
y el aire dibuja mis latidos en la tierra,
que no deja de moverse.
Como yo,
como todas las horas que ya nunca voy a volver a contar.
Hay números girando sin parar alrededor de mi cabeza
y yo estoy dejando que me atrapen.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)