Había un cielo entre tú y yo
pero tampoco ahí cabían mis ganas,
mis lamentos de tiempos fugaces,
mis lazos para no atarte.
Había un cielo, en el que tus sonrisas latían junto a mi fe,
en el que no pensábamos en sentir, un cielo en el que juramos volar siempre hacia el mismo horizonte;
aunque fuese lejos y hubiese países y fronteras
y personas y años de por medio
y un ejercito de miedos que no iban a censurar nuestra sonrisa.
Caímos en las primeras redes
y ninguno de los dos lo llamó injusticia.
Lo dejamos estar, lo dejamos hacerse escombros.
Lo dejamos morir de tanto regarlo primero
y de negarle hasta las lágrimas luego.
No se acabó el amor,
se cortó la raíz cuando ella nos estaba respirando
y ni siquiera fue a tiempo.
Y esa no fui yo.
Aún me veo salvándote de cualquier guerra antes de recordar cómo me llamo.
Es mi forma de decir que el tiempo pasa y no lo veo,
que los sentimientos se transforman pero no mueren,
que los años se me escapan de las manos
pero el corazón sigue suspirando siempre por los mismos colores,
que sigue arrojando sentimientos antes de que yo los sepa nombrar.
Que esta nostalgia ya a veces consigue hacerme sonreír
y no me va tan mal.
lunes, 3 de agosto de 2015
miércoles, 1 de julio de 2015
Dejadnos en paz
Hoy me he despertado mirando la misma
pared con la que me pego desde hace algunos años,
esa que llaman
realidad.
He mirado el reloj y he pensado en las personas que a estas
horas estarían echando de sus casas,
en las que estarían
amaneciendo con la salida del sol desde un banco cualquiera,
en las
que estarían apurando su abrir de ojos en un ojalá profundo de que
no fuese este el último.
Juro que le hes pensado.
Me he arrastrado hacia la rutina como
un ciervo que espera a que lo matenpero que no piensa dejar de correr,
con una sonrisa cansada pero ansiosa
con la esperanza de que hoy todo fuese distinto...pero no.
Las mismas caras largas,
los mismos cuerpos vacíos,
los mismos pensamientos fotocopiados,
el mismo idiota de siempre besando esa bandera llena de sangre
que ondea por toda esta ciudad.
Las mismas gotas salpicándome en la cara,
la misma rabia al sentirlas al lado de mis lágrimas.
No voy a sonreír ante mi propia muerte,
os estoy mirando desde una de nuestras
tantas cunetasesperando ese día en el que las campanas sólo suenen cuando sea fiesta
y en esa fiesta vea todas vuestras caras bajo rejas.
Estamos conviviendo en un mundo que
rompemos
mientras le ponemos parches,y yo me paso los días dibujando en mi cabeza
cómo desdibujar las fronteras que nos separan
pero si hay algo imposible de deshacer
son los lazos de dinero con los que nos ahorcan desde hace años
y que parece que sólo yo soy capaz de ver.
No entiendo las fronteras, ni la
desigualdad,
cómo alguien puede comer rompiéndole
la espalda al otro.No entiendo la palabra utopía si no significa acción para conseguirla,
no quiero escucharla más en vuestras bocas
cuando sólo esteis vomitando miedo.
Nada que queramos es inalcanzable,
pero el horizonte nos parece muy lejano
cuando lo miramos desde la ventana.
Llorar por el projimo nunca fue suficiente,
porque sus lágrimas salen de nuestras manos,
son lo que no hacemos,
lo que permitimos.
Mirar hacia otro lado no es solución,
es barbarie,
ya que dejamos a la muerte denzar a sus anchas
al menos llamemoslo por su nombre.
Es la mano ejecutora a la que odiamos,
a la que llenamos de insultos ,
pero rápidamente olvidamos la miseria del de al lado
si esa mano nos tapa la boca con comida.
Cada uno elige con quien caminar al lado.
Mil y una noches he pensado en hacerles
pagar yo misma
todas las muertes que cargan sobre su
espalda,las que aún siguen provocando,
las que algunos seguis aceptando,
pero luego he reconocido en mi misma la compasión
y me ha susurrado que yo no soy como ellos
y que nunca lo querría ser.
Nadie es un santo en un mundo de diablos
pero no todos escuchamos el mismo sonido ambiente en nuestro corazón.
Sigo con la fuerza intacta porque eso, según mi madre,
es lo que tiene que hacer la juventud.
Porque los años te destrozan
y te eneñan a hostias que al final eso que odiabas ver
es lo mejor que puedes hacer,
que los malos siempre ganan
y que tú no puedes hacer nada.
Pero yo sigo pensando que no
y “no” voy a seguir gritando ante cada injusticia que pase por delante de mis ojos,
porque sólo los quiero alimentar de amor.
La lucha no muere con una bala
ni nadie que se nos siga apareciendo
cada vez que soñamos despiertos.Por eso nunca mueres, comandante, por eso siempre te recuerdo.
Porque cuando no me queda esperanza,
desde esta jaula de papel desde la que escribo esto
solo puedo creer en alguien que teniendo mil pajaros en su mano
eligió soltarlos todos y regalarnoslos libres. Todo para todos.
Seguimos aprendiendo de ti,
alimentándonos de tu historia
nadie va a conseguir nublarnos tu rostro.
Dejadnos en paz, por favor,
sólo la queremos a ella.jueves, 28 de mayo de 2015
Los años que dejo atrás me parecen otras vidas.
Pero yo el mismo animal.
Me agazapo ante mi nostalgia,
respiro entre los espacios del reloj de arena en mi estomago
y juego al gato y al ratón con mis pensamientos. ...
Pero nunca gano.
Pero nunca encuentro donde encerrarlos.
Me decido a luchar contra ella
cada vez que cierro los ojos
pero la espada de madera con la que lucho arde cada vez que la toco.
Así empieza todo lo que no termino.
Siempre me pierdo antes de llegar al final.
Los caminos se me cruzan para convertirse en laberintos,
los ríos se vuelven lagos interminables de profundidad sentida,
las raíces de las flores que no puedo dejar de mirar
acaban haciendo un nudo alrededor de mi garganta
mientras que yo simplemente sigo mirándolas,
y el aire dibuja mis latidos en la tierra,
que no deja de moverse.
Como yo,
como todas las horas que ya nunca voy a volver a contar.
Hay números girando sin parar alrededor de mi cabeza
y yo estoy dejando que me atrapen.
lunes, 18 de mayo de 2015
Caminemos
El sol sale sobre nuestras cabezas.
La luna que nos llenó el corazón de
silenciose marcha a inundar de caricias a otros
que siguen nuestro camino en distintos suelos.
Vemos nuestras ojeras cargadas de historias
en el reflejo de ese lago en el que perdimos la vergüenza y los frenos
y donde nos llenamos de ganas los pulmones.
Compañeros de viaje, caminemos.
Caminemos siempre hacia delante.
movidos por el sueño del que partimos
guiados por la conciencia y el instinto,
sintámonos vivos y humanos
sintámonos animales salvajes y unidos
caminemos sin soltarnos nunca la mano.
Caminemos a través de nuestros pensamientos
olvidemos el dinero y la civilización maleducada
que llenó de asperezas la rutina de la que ahora escapamos,
escribamos canciones sobre todas las horas del día
rindámonos ante el destino.
Es nuestro.
Y es este.
Es luchar por los que no tienen voz,
por los que no saben que pueden gritar
y por los que se quedaron sin aliento.
Por los que consiguieron abrirnos los ojos
por los que plantaron la semilla de la que bebemos ahora.
Es abrirnos paso ante el odio, ante la avaricia,
abrirnos paso en este mundo enfermo
para ese otro que sabemos que existe
y que queremos vivir.
Señalar a las flores que elegimos como nuestras
y sentirlas bajo nuestros pies en cada paso,
amanecer cada mañana en un lugar distinto
habiendo abolido cualquier resto de tristeza,
dormir cada noche
ante la esperanza en los ojos del de enfrente,
ante la plenitud de sentirnos vivos y libres
en el sonido de nuestros corazones.
Libres para poder sentir,
para poder mancharnos los pies en la tierra
para poder elegir cada dia este camino de colores.
Vivos para saber que queremos vivir
y que el resto viva. Feliz y libre,
recorriendo los sueños.
Caminemos.
Aún se está poniendo el sol.
domingo, 3 de mayo de 2015
Las cosas que me debo
Las cosas que me debo me llevan a cuestas.
Entre las colillas y la cenizahay un lago de toda la tinta que no usé nunca
para rendir cuentas con el tiempo,
para demostrar que tengo la valentía que pido al mundo todos los días.
Quizás debería empezar por pedirme perdón a mí misma
y perdonarme de una vez.
Sentarme ante el pasado
y preguntarle si él también me echa de menos
hablarle de todo lo que no he podido decir
plantarle cara a alguien
aunque sólo sea a la que fui,
contarle esas historias que nunca se hubiese creído,
arrancarle esa inocencia que aún le sobra
y que a mí ya me falta.
Aceptar el reflejo del pasado en el presente,
ver que lo que soy no son sólo mis propios pasos,
el destrozo que dejo por ir siempre mirando al cielo.
Ahora he sacado todos los poemas viejos
he sonreído ante cada letra de lo que fuimos
y celebro que en este baile de idas y venidas
aún puedo encontrarte en las cosas buenas.
He colgado de una vez las penas de una soga
y después de caerse todo que dijimos
que nunca dejaríamos que nos venciese,
después de los fallos,
del sol menor del querer,
sólo ha quedado un papel en blanco
porque a estas alturas de la historia
ya no sé qué debería decirte.
De todo lo que me debo sólo me queda saber
que no renunciaría a este sentimiento en forma de bumerang
que reduce mi cuerpo a movimientos sedientos de verte
mirándome como una noche de agosto,
a darte la mano con timidez y sin prisas,
a reinventarme otro septiembre.
Que no renunciaría a quererte otro verano de estos.
Te veré en aquel bar donde proyectamos futuros tan inciertos como
nuestros sueños.
A ellos sí que no les debo nada,
siguen creyendo en mí tanto como yo en ellos.
domingo, 12 de abril de 2015
He soñado con la guerra.
La tierra estaba levantadatenía los ojos llenos de ella
y el aire me pegaba en la cara,
apenas podía respirar.
Me levanté y al abrir los ojos
vi mi rostro en el reflejo de una lágrima
de un niño que lloraba en frente mío.
Tenía la cara rasgada,
la ropa rota,
y el brazo lleno de sangre.
No me dio tiempo a pensar qué hacía allí
quién era yo
y por qué pasaba todo aquello
porque era un sueño
y yo nunca me hago muchas preguntas.
Cogí al niño en brazos
y atravesé un desierto que se hizo demasiado corto para ser real,
de pronto estábamos entre cuatro rejas
en algo que parecía un campamento de refugiados
pero donde nadie parecía triste.
Una señora se acercó histérica
y me llevó a una esquina,
cogió al niño y saco una gasa,
alcohol, y no recuerdo qué más,
nadie pensó que la herida más grave
estaba en los ojos del niño
y no se iba a ir nunca.
Nadie le miró a la cara.
Lo vi llorar
y no pude evitar hacerlo yo,
no había dicho ni una palabra
y seguía sin hacerlo,
creo que no lo hizo en todo el sueño.
Nadie habló,
sólo escuchaba el llanto del niño
y un murmullo de voces lejanas que me agobiaban.
No sé si no podían vernos
o simplemente ignoraban el dolor.
Lloré, quizás con más rabia que pena,
y me dije que no iba a dejar que nadie más pasase por eso,
como si yo fuese alguien,
como si pudiese hacerlo:
por eso era un sueño,
hasta que levanté la cabeza
y en un cruce de miradas
los ojos verdes de ese niño que ya quería
me hablaron de todo lo que callaba
con la inocencia de sus 5 años
y el amor de alguien que ha aprendido a ser feliz
entre escombros, bombas y militares.
Me llenó de esperanza
y fue ahí donde dejé de odiar
porque había aún quedaba amor entre toda esa miseria.
Entonces me levanté y el niño, que ya había dejado de llorar,
me cogió la mano
y ahí supe quién era
y qué estaba haciendo allí.
Caminé para buscar la salida
pero sólo encontré rejas y rejas,
recorrí las 4 paredes de ese maldito sitio
para despertar de una vez de esa pesadilla;
pero no apareció la salida
ni tampoco me desperté
hasta que sentí la desesperación
de no poder escapar de la miseria.
Finalmente abrí los ojos
y suspiré aliviada porque sólo había sido un sueño,
sólo,
pero no sé por qué mis manos seguían llenas de tierra.
lunes, 6 de abril de 2015
La noche se me mete dentro
siento su esencia en cada poro
celebro su calma con cada aullido
y busco tu boca en cada calada
mientras me miras desde la parte de arriba de esa luna que nunca alcanzo
y que nunca dejo de mirar.
Como a ti.
Ando buscando mi sonrisa
entre toda esta montaña de sinsentidos que habita en mi mente
desde el momento en el que empecé a contar los días
en los que no era feliz.
No creo en las casualidades;
nunca creí en ellas
por eso dejo mi vida en las manos de cualquiera que la cuide mejor que yo
y que no la apriete demasiado;
sólo dejadme respirar.
No creo en las casualidades
ni en nada que no salga de dentro,
los caparazones se me vuelven absurdos
y llorar una forma mal vista de explotar lo que llevamos dentro.
Siento que los latidos se me salen del pecho
ante cualquier destello de vida que se me cruza
pero la mayor parte del tiempo busco el corazón con vida
dentro de este cuerpo muerto
que ya prácticamente sonríe por educación.
Hago equilibrismos por la rutina
deseando que algo me haga caer,
despertar de este sueño agridulce;
quizás sólo sea que miro donde nadie mira
donde no debería.
Vomito impulsos que van siempre un paso antes que yo,
abro libros compulsivamente, uno tras otro,
esperando encontrar una palabra que me encienda
una señal de qué hacer
o a donde ir,
que me diga por qué siempre huyo, de qué,
por qué esta necesidad de empezar de cero
siempre con la mirada perdida entre recuerdos,
esta sensación de que haga lo que haga nunca es suficiente
de que me persigue el error
este incesante pensamiento de que sólo soy un alma perdida
intentando saciar el mono de algo que no alcanzo a ver.
Sólo encuentro la calma en cada
aullido que me lanza la luna.
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