jueves, 12 de noviembre de 2020

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“Abrir los ojos duele”


Y cansa. Cansa llevar las gafas violetas hasta en sueños, 24/7. Cansa descubrir cada día un poco más que para el mundo somos ciudadanas de segunda. Saber que nuestros derechos se ganan con mucho esfuerzo pero se esfuman en un abrir y cerrar de ojos. Cansa la sed constante de saber para poder combatir, cansa estar siempre a la defensiva para no morir. Soy feminista y estoy cansada.

Cansa esta tristeza que me invade a veces, cansa tanta violencia. Me entristece pensar cuántas de las mujeres que me rodean habrán sufrido abusos sexuales de pequeñas y no lo cuentan; cuántas de las mujeres a las que quiero habrán sido o serán victimas de violación, así como lo puedo ser yo el día menos pensado; si alguna de mis amigas morirá algún día a manos de un hombre. Ver cómo seguimos sin despertarnos del todo, como hay compañeras que se sienten atacadas por el feminismo. Ver que no se entienda que cada muerte de una mujer en el mundo nos acerca a nuestra propia muerte, que cada violación nos acerca a nuestra propia violación. Cada insulto, cada bofetada, cada humillación.

Cansa tanto odio, tanta rabia en el pecho, saber que voy a tener que lidiar con ser mujer y feminista, con lo que eso conlleva, hasta el día en que me muera. Cansa debatirse entre el miedo, la culpa o la vergüenza cuando te dicen algo por la calle; sentir miedo si hablo, humillación si callo, culpa si no me sé defender cómo debería. Agota que en el 2020 “puta” siga siendo un insulto y una profesión que muchos siguen defendiendo como digna. Cansa que alguien se sienta con el poder de llamártelo; cansa esta jerarquía.

Cansa el puto patriarcado, que el dinero nos siga pudiendo comprar, que todo esté tan bien hilado, que nos cueste tanto encontrar una fuga desde donde destrozar al sistema. Cansa mirar y darte cuenta de que todos los hombres son cómplices. Me cansan los jueces, los abogados, los banqueros, los policías, los comumachos que te explican cosas. Cansa escucharos, de verdad, cansa que me habléis sobre cómo tengo que ser feminista. Me cansa y entristece borrado de las mujeres, este posmodernismo bienqueda, que poco a poco les estemos cediendo nuestros espacios a los hombres; cansa que hablen por nosotras. (¿Qué cojones sabe cualquier hombre sobre ser mujer?)

Cansa la división dentro del feminismo, que perdamos el tiempo discutiendo entre nosotras cuando nos siguen matando cada día, en cada rincón del mundo, por lo que tenemos entre las piernas. Que aún no se entienda que no hay feminismo sin activismo, que las redes sociales son cortinas de humo, que la lucha es en la calle, que este camino es un aprendizaje constante, que no pasa nada por pedir perdón, por cambiar de parecer, por escuchar a compañeras y aprender de ellas. Cansa sentir que no estamos reflexionando sobre muchas cosas. Cansa que se de todo por sentado, escuchar que ya lo tenemos todo ganado. Destroza sentirse sola en tu propio movimiento. Cansa estar siempre enfadada con el mundo.

Enfada explicar siempre las mismas cosas, no poder equivocarme o dudar, ser la profesora de turno. Cansa la misoginia, no entender qué hemos hecho para merecer esto, explicar cómo me siento, qué me molesta y por qué. No tenemos qué explicar nada. Cansa recibir miradas de desaprobación cuando hablo de feminismo, que no se me escuche. Cansa que te interrumpan todo el tiempo. Soy feminista y estoy cansada. 

Hace unos días Barbijaputa contaba que, al terminar una serie feminista muy dura, se giró hacia su pareja y este se había quedado dormido: “Al acabar la serie, me giré hacia mi pareja, que como cada noche se había quedado dormido. Esta vez no sentí ternura, ni pensé en lo mucho que madruga ni blablabla. Esta vez solo quería apagar la luz del salón e irme a dormir sola.” Supongo que todas, alguna vez, nos hemos sentido como Barbi: totalmente cansadas.

domingo, 3 de mayo de 2020


De todo lo escrito hasta hoy
diría que solo tuve el valor de enseñar un 10%
no a los demás, sino a mí misma
sólo escribo lo que merece la pena escribir,
lo demás lo descarto

descarto 24h de sucedáneos en mi mente
porque ni siquiera distingo si son pensamientos míos o de otra persona,
algo que escuché, algo que querría pensar, algo que no me dejo pensar...
sólo son poemas encriptados
los que escribo yo
los que escribimos todos,
palabras para ver a través de un cristal,
mascaras tribales en un museo de arte moderno;
la gente pasa y finge que te escucha,
fingen que les gusta lo que sientes,
pero la verdad es que no entienden una mierda
y no la podrían entender jamás
porque es sólo una verdad a medias
una verdad de cara a la galería

si no me creo ni yo, ¿quién lo va a hacer?
tampoco yo creo en nadie,
no me creo vuestros poemas

¿nos desnudamos al escribir?
¿escribimos para nosotros o para los demás?
el mundo no está preparado para escuchar lo que realmente pasa por nuestras cabezas;
hay tanto desorden en este sótano sin ventana
que ni siquiera sé cómo hacerle frente,
menos aún escribirlo

aquí tenéis mi pena mimetizada:
es toda mentira

lunes, 27 de enero de 2020


Escribir un sentimiento lo hace real, palpable.
La felicidad más pura es tan efimera que se me hace imposible definirla,
intentar hablar de ella,
darle forma,
incluso pensarla en otro formato que no sea el recuerdo...
pero la tristeza cuando llega dura tanto que termina siendo habitable
y dentro de ese habitáculo acabo encontrando el modo de explicarla
y así sentir que la tengo en mis manos por un rato,
que al menos por unos segundos no es ella la que me tiene a mí.

viernes, 11 de octubre de 2019


"Las cadenas son cadenas aún de seda"
                                  Los Chikos del maíz


una pieza más de esta cadena de producción que es la sociedad
soy,
una gota en el océano.
puedo ser feliz
y en ese derecho está mi deber:
debo ser feliz.
nuestro único objetivo en la vida es ser felices, pero ¿cómo?
¿cómo se es feliz? ¿debo descubrirlo o simplemente debo ser feliz en la búsqueda?
no sé cómo llegar a ella, no le pongo forma, ni nombre, ni rostro,
no tengo ni idea de cómo puede ser...
se me ha aparecido en sueños a veces,
a veces he sentido su presencia
efímera,
como una respiración en el cuello.
¿y si la encuentro? ¿qué debo hacer con ella? ¿debería encerrarla, tenerla para mí?
¿o debería dejarla libre?
definitivamente debería ser libre para que otros también la encuentren,
para que todos la tengan, así se acabaría la búsqueda y...
¿qué haríamos entonces? ¿en que se basaría nuestra vida? ¿acaso seríamos la nada?
seres sin rumbo, sin esperanza.
no necesitaríamos esperanza, no esperaríamos nada, seriamos hojas movidas por el viento,
ni siquiera tendríamos sentido del tiempo,
a quién le importa el mañana si existe el hoy.
el caso es que existe, y tenemos que encontrarla porque ser infelices es lo contrario a vivir...
pero yo ya lo he probado
lo de no ser feliz
y sigo viva, todos seguimos vivos,
¿cómo es posible? ¿y si siempre es así? debemos hacer algo para encontrarla, unirnos, cuantos mas seamos más fácil será encontrarla.
sobretodo si somos dos, dos es el número perfecto. debe serlo porque todos se unen en grupos de dos y la mayoría han encontrado la felicidad dicen, el secreto debe estar ahí, en ser dos.
amor, dicen que así se llama, si no lo tienes no puedes encontrarla.
pero, si somos más de dos, ¿no deberíamos tener más posibilidades de encontrarla?
a ella, a la felicidad, le tienen que gustar mucho las personas, sino debe ser muy infeliz;
todos los días hay gente basando su vida en encontrarla.

viernes, 17 de mayo de 2019

17052019


Ya no sé quién soy.
No sé si mañana me reconoceré en estas líneas
o si me reconoceré desde la empatía del lector.

El color hormigón de este cielo de ciudad
me ha dejado ciega,
no consigo ver la luz en ningún alma,
los colores me parecen obvios,
no me emociona ninguna obra de arte;
este sitio es tanto y tan poco...

Las prisas y los minutos entre frecuencias de tranvía
me atan los pies
y no encuentro otros pies a los que seguir,
un sendero con migas de pan,
una linea amarilla pintada en un árbol,
una señal.

Es este olor a gasolina y a rueda quemada
el que me hace soñar con olor a hierba y jazmín en mis manos
pero cuando me despierto ya no recuerdo haber soñado con eso
y vuelta a empezar.
Se me olvida lo que quiero, se me olvida...
Se me olvida quién soy, quién era, se me olvida...
Se me olvida lo que siento y lo que me hace estar viva
entre cortos periodos de felicidad empaquetada
que consumo con una sonrisa
y que mi cuerpo asume con inercia;
pero el vacío se hace más y más grande en cada trago
y explota un día como hoy,
como ayer, como cualquier día.

Se me olvida el tiempo porque vivo encerrada en él.
Se me olvidan los sueños, pero no las pesadillas:
despertarme otro día sintiendo que no estoy haciendo lo que quiero,
despertarme otro día sin recordar lo que quiero,
Despertarme otro día sin olor a jazmín
y silencio a mi alrededor.
Despertarme otro día con miedo al cambio.

Vivir en el cambio, escapar del tiempo,
no echar raíces, no formar parte de nada.
Cuando recuerdo el sueño,
ahí es donde nace el miedo.

El problema de tener sueños
es que no puedes cumplirlos.


domingo, 24 de febrero de 2019

2015

Hace 4 años, clase de Producción, tema libre. Yo escribí esto:

Era el día después del anterior, uno de tantos en los que había perdido el concepto de tiempo. No sabía si llevaba horas, días o años encerrado entre esas cuatro paredes grises sin ningún atisbo de esperanza. Pasaba los días mirando la pared y la puerta de la celda, como si esperara a que algo volviese, a que alguien regresara. No decía una sola palabra más que las siguientes: “La han matado, la sociedad la ha matado”, como susurrando, como rendido ante las miradas de pena y desasosiego de los cuidadores. Dormía, se levantaba, comía y miraba la pared. Dormía, miraba la pared, comía. Y así día tras día, siglo tras siglo. Dormía y soñaba con ella, y ahí, con los ojos cerrados, gritaba desesperado un sólo nombre: “Libertad”. Lo repetía continuamente, cada noche, y se despertaba buscándola, sudando, hasta que otra vez se daba cuenta de que no estaba. Lágrimas hasta volverse a dormir. “Se ha vuelto loco por una mujer.”- repetían los psicólogos- “Nadie sabe quién es, nadie la ha visto, nunca explica por qué repite que la han matado. Seguramente ni siquiera exista, la imagina. Pobre hombre, ojalá algún día recupere el juicio y sea capaz de decir algo que no sean esas malditas ocho palabras.”
 Ese día se despertó como siempre. Miraba la pared, con mirada perdida, mientras tocaba momentos, ciudades y personas de una vida que había sido suya, pero que ahora apenas recordaba. Ya ni siquiera recordaba ni su nombre, ¿qué importaba si ella no estaba?. Tampoco recordaba el día que todo había terminado, o empezado, según los ojos que lo mirasen. No recordaba cómo había llegado allí, sólo su mano alejándose de la de ella. Pero ese día no era otro. Ese día volvió a verla. Abrieron su celda y lo sacaron. Él pensó que le llevaban al comedor o al patio, como cada día, pero no fue así. Lo condujeron por un pasillo que no conocía, un pasillo que no parecía terminar. Al final, una puerta. La abrieron y se encontró una habitación a oscuras. Lo empujaron dentro y permaneció bajo la oscuridad unos segundos, hasta que de pronto se encendió la luz: todo estaba lleno de espejos. Lo que vio le hizo sentir que miraba algo por primera vez, le hizo despertar. Empezó a gritar su nombre, el de ella, esta vez con alegría, y tocó cada espejo de la sala. “Libertad está viva.”
Tres horas más tarde, cuando fueron a buscarlo, se encontraron con un distinto al que habían dejado dentro. Lo miraron, esperando expectantes a que dijera algo, hasta que susurró, casi sin aliento: “Libertad no ha muerto, sigue viva en mí aunque esté preso entre todos estos reflejos de un pobre hombre loco."

miércoles, 12 de diciembre de 2018

Ensayo de mierda sobre el amor

“El amor es acto no definición”. Definir es limitar, por lo que intentar definir un sentimiento es reducirlo. Aún así, en una necesidad por comunicarnos, todos tratamos de explicar lo que sentimos. Esta explicación sólo puede llegar a la otra persona a través de dos formas: la empatía y la proyección. A través de la empatía la persona que escucha nuestro discurso puede llegar a sentir lo que le estamos diciendo. La empatía es el centro del desarrollo del colectivo como tal, ya que sin este sentimiento es imposible que una comunidad de personas se comunique y relacione correctamente. Una persona que experimenta la empatía es capaz de sentir lo que siente otra persona, pero nunca será exactamente lo mismo, ya que las experiencias que han formado a tal persona modifican su forma de sentir. La otra manera de llegar a entender un sentimiento es a través de la proyección. Cuando una persona nos cuenta algo que relacionamos con una vivencia personal podemos llegar a experimentar parte de su sentimiento a través de la proyección. Proyectamos en su relato nuestros propios sentimientos al ver una similitud entre ambos. Aún así, estas dos posturas se acercan al sentimiento pero no alcanzan la definición. Siempre que tratamos de explicar cómo nos sentimos en una situación concreta nos encontramos con que nos es muy difícil encontrar palabras adecuadas. Esto se vuelve aún más difícil cuando tratamos de explicar el concepto en sí: el amor. Un ejemplo: una persona trata de explicar a otra lo que pasa cuando la persona que ama y ella se miran. Es indescriptible, pero la otra persona lo entiende porque o lo ha vivido y recuerda cómo se sintió en ese momento o imagina ese momento y es capaz de empatizar con la situación que se le relata. Lo difícil viene cuando se intenta explicar lo que es el amor en sí. Aquí entran en juego factores sociales, culturales y morales. Hablaremos del amor porque es el sentimiento que, creo, tiene un mayor arraigo a la cultura en la que se desarrolla. Vamos a imaginar a dos personas que hablan sobre este sentimiento. Si la conversación es puramente conceptual, definir el amor no será tan difícil, pues su definición existe y está al alcance de todos. El problema es que en esta definición no hay una representación de la realidad, las personas no se sienten identificadas al leer esta definición porque es simplemente teórica. Ahora bien, pongamos que la conversación surge a raíz de una problemática. Las dos personas que forman parte de este debate intentarán definir el amor en base a dos corrientes: la dada y la propia. La dada está formada por la concepción del amor que se nos ha dado en la experiencia del día a día donde, como consumidores de cultura y miembros de una sociedad con una moral definida (en este caso occidental), hemos ido aprendiendo comportamientos que se identifican o no con el amor. La propia está formada por la manera en la que nosotros, en base a nuestras relaciones amorosas, hemos aprendido a amar. Entre estas dos corrientes se forma dentro de nosotros la definición de amor, que no es más que la anti-definición pues, como hemos dicho, definir un sentimiento es imposible. Las dos personas que debaten sobre qué es el amor nunca llegarán a un punto común ya que pueden tener una concepción teórica idéntica, incluso también una opinión en base a la educación socio-cultural similar o muy parecida, pero siempre fallará la parte personal del desarrollo de los sentimientos propios.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Trufas en la cabeza


-Torre del Lago Puccini, Toscana, Italia
 12/04/2016-

Abro los ojos por primera vez como el animal salvaje 
y no como la humana, 
sin filtros en los ojos, 
viéndolo todo de verdad. 
La naturaleza me hace participe de ella 
y me siento nueva al tocarla, 
como si la tuviese cerca por primera vez, 
como si nos fusionáramos para al final ser una. 
Se queda atrás cualquier pensamiento mundano y me pierdo en ella, l
a siento y la acaricio, 
respiro su esencia poro a poro, 
la escucho, la puedo oler, la puedo saborear. 
Veo entonces el abrir de pulmones de un árbol que me mira triste, 
no puedo ver sus ojos pero si sentirlos, y me invitan a abrazarlo. 
Lo toco y puedo sentir todo lo que él siente , 
como si él quisiera sentir mi tacto...y me llama a respirar con él, 
a unir nuestro espíritu. 
Miro arriba y veo las nubes como nunca antes. 
Van tan rápidas que me cuesta fijar la vista en un punto fijo, 
cambian constantemente de forma, 
crean siluetas increíbles como símiles de todo lo que nos escapa 
y se transforma encima de nuestras cabezas. 
No paro de ver colores nuevos, nunca vistos antes, la belleza está llenando mis ojos. 
Los granos de arena se componen de mil tonalidades diferentes para unirse y terminar creando una masa que podemos asumir como común desde nuestros ojos inútiles, 
los árboles están pigmentando sentimientos, el verde parece no tener fin...
El sol brilla tanto que parece que las nubes están bailando a su alrededor, 
puedo imaginar como es sentarme encima de una y dejar que el sol me toque a mí. 
Todo parece estar allí para que yo pueda disfrutarlo. 
La luna se aparece entre dos nubes y parece que sonríe timidamente, 
como si no se quisera dejar ver aún, 
con un color púrpira que se mezcla con el blanco para derretirse en azul. 
Y se funde en una nube, como enseñándome el sin fin de la materia, 
la simpleza de la que todo parte y en la que todo muere. 
Las olas suenan alto y bailan, 
se arrastran muy lento para que yo pueda observar su movimiento, 
se mueven tan lento que parece que se escucha el alma del mar.
Me siento agradecida. 



viernes, 14 de abril de 2017

No sé si es apatía o nerviosismo extremo
pero hay unas huellas dactilares que ya conozco
apretándome el cuello
desde que en la mancha de café de mi taza esta mañana
no supe reconocer ninguna forma.
Nada.
Quizás sólo es hambre,
por alimentarme de días que sacian pero no llenan,
o sólo estas comodidades
que cada vez me hacen sentir más incomoda
y ser feliz, que a veces,
ya me da vergüenza.
Es que salir a la calle es un medidor de energía
que siempre está restando
y yo lucho porque el día que llegue a 0
pueda mirarlo sin sentirme una miserable más;
un fantasma más
que se arrastra por la ciudad con cara de pena,
de cansancio, de indiferencia...
un fantasma más de esos que no sueñan
porque soñar no cuesta dinero.
Y esas almas tan vacías
te miran hasta hacer un agujero en la tuya
y es por ahí por donde puedes ver
que hay otra realidad donde caer sólo significa volver de un salto,
donde la empatía llora dentro de la caja de pandora.
La mirilla de la indiferencia te envuelve entre sus colores
y la realidad es tan sólo gris
pero prefiero el dolor real de arrastrar mis uñas por la pared que nos separa
que sentir el abrazo de una persona que ya perdió el derecho a sentir.

miércoles, 12 de abril de 2017


Nunca dejo un lugar del todo, 
no consigo irme sin un rasguño en las entrañas, 
la marca de quienes lo construyen, 
una razón por la que nunca terminar de volver. 

Me construyo nómada de corazón 

y voy formando a trozos lo que soy 
por cada dos manos que hacen de cada suelo un lugar que pueda sentir como hogar.
 Así de absurda me parece la palabra patria, 
como una persona que vive sin mancharse las manos.     
Voy creciendo en cada esquina que no me ve, 
en la sonrisa de cualquiera al que quiera.

domingo, 12 de junio de 2016


A veces la felicidad es tan sencilla que asusta. Nos ha enseñado a buscarla, pero no a encontrarla; menos a sentirla.
A veces es tan sencilla como abrir los pulmones y dejarte acariciar por el sol, como sentir el tacto de la hierba en los pies,
como el baile del aire en tu pelo, como sentirte en armonía con tu propia sonrisa.
Lo simple es tan bello que no podemos verlo por andar siempre mirando al suelo. Hay tantas cosas detrás de la ciudad,
de los coches, del asfalto, de las prisas y las caras largas…
hay tantas cosas encima de nuestras cabezas.
Asusta fijarte un día en un color nuevo y darte cuenta de que lleva ahí toda la vida, emocionarte con un atardecer, cerrar los ojos y conseguir no pensar por un segundo. Asusta saber que el mundo sigue girando hagas lo que hagas. 
Da miedo saber que cada día es diferente, que cada segundo que paso preocupada por obligaciones y tareas mundanas es un segundo de belleza por descubrir que se me escapa de las manos.
Da miedo sentir miedo cada día. Asusta saber que estamos perdiendo nuestra parte animal.
Andamos siempre tristes, cansados de cargar con tantas preocupaciones en la espalda. Nos despertamos cada día pensando en el trabajo, en los exámenes, en el dinero que nos queda para pasar el mes, en lo que tienes que hacer esa tarde, en lo que tienes que hacer esa noche, en lo que tienes que hacer.
Y mientras nuestros sueños y deseos desfilan por delante de nuestros ojos como una procesión de futuros cadáveres.
Nos preocupamos por cosas que, de verdad, no importan una mierda y pasamos los años olvidándonos de lo que realmente queremos hacer, concienciandonos y dejándonos concienciar de que es imposible, autoengañandonos con que la vida que llevamos
es la que hemos elegido.
Nuestra felicidad es tan poco nuestra que asusta. Me asusta levantarme un día, llena de sangre, al lado del fantasma de mi yo de ahora, mirando la muerte de mi propia alma. Me asusta ser yo misma la asesina de mis sueños.
Y es por eso que nos asusta el futuro, porque ya lo tenemos planificado, porque es lo mismo que vivimos cada día. Nos da miedo porque sabemos que el futuro no es distinto. Nos da miedo porque en el fondo no podemos evitar soñar que no sea así.

miércoles, 27 de abril de 2016

.

Hay detrás de cada"no puedo"
mil niños jugando con tus miedos,
un mundo que gira sólo con el combustible 
de nuestras lágrimas y nuestro sudor
y un corazón esperando que suspires
para sentir que no está solo en esta hoguera de esperanza.
Hay, detrás de cada meta que nos imponemos
un cartel de "prohibido pasar"
que nos pone tanto como cualquier cadena,
la rutina que la construye,
nuestras manos que la aprietan
y una voz saliendo de tu cuerpo que ni siquiera puedes reconocer:
"caminamos sin saber a dónde,
caminamos sin saber,
caminamos...
no sabemos caminar sin saber a dónde".
Y un día la luz cegadora del sol entrando por la ventana
trae consigo sonidos que no conocías;
el eco de tu alma despertando,
y una puerta entreabierta que aparece ante ti
junto con un botón que activa lo que tú quieras,
sólo lo que tú quieras.
Grítalo y aprieta.

domingo, 13 de marzo de 2016

Lo peor del dolor no es sentirlo,
sino echarlo de menos.
La nostalgia es lo que sientes cuando pierdes algo que forma parte de ti,
yo lo perdí, al dolor,
después de muchas noches durmiendo a mi lado, escribiendo poesías con mi nombre, arrastrandose por mi cara en forma de lágrimas,
lo perdí, como a tantas cosas,
como todo lo que sentí entre esos dos veranos que pusieron mi corazón del revés,
como a mí misma.
Hace tiempo que me busco en este cuerpo que late por costumbre
y no por necesidad;
ni siquiera puedo llamarme humana
porque los humanos lloran
y yo ya no sé cómo hacerlo,
tampoco reír
aunque parezca que lo hago,
mirad a través de mis ojos
dentro no hay nada,
sólo el eco de una mujer encerrada
que súplica sentir algo.

sábado, 5 de diciembre de 2015


Hace tiempo que dejé de buscar un mundo mejor
porque este me escogió a mí
y no creo en las casualidades.
Aprendí a amar a través de unos ojos verdes y tierra
que me enseñaron que la única forma de cambiar lo que nos rodea es amándolo;
sólo así tendremos la fuerza necesaria para conseguirlo.
No quiero escoger el camino fácil, encauzarme en la ira,
cubrir todo del cemento que nos encierra
y terminar diseñando mi propia jaula.
No estoy dispuesta.

Tengo el verde de sus ojos clavado en los míos
como un filtro natural de magia
para teñir todo de naturaleza y calma, de esperanza,
de en esencia pura,
de sentimientos sin contaminar.
Tengo la tierra de las semillas que crecían en su mirada
en las manos
para acariciar con ella todo lo que toco
y que el orgullo de quienes la trabajan haga de su voz la melodía que todos elijamos.
No elegí este mundo,
pero sí elijo esta vida.
Elijo cambiar, elijo crear,
elijo amar.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Balas en las fronteras(como LCDM)


Lo encontré corriendo hacia mí cuando escapaba.
Me encontró, de frente, a la vez que la vida que venía a buscar
y se asustó de mis cicatrices de cadenas
de la cara oculta del ocaso
del gris del cielo que nos arropaba.
Me miró un segundo
y pude ver su futuro en un océano rojo sangre,
lleno de cadáveres más vivos
que los corazones de lxs asesinxs;
lxs que osan controlarme,
años de lucha hundiéndose
arrastrando su cuerpo
hacia el horizonte que esperaba
su alma salvaje.
Lo encontré, cuando escapaba,
por un camino marcado con mis huellas
y las de todxs
escapando de un fantasma que me sonrió
como recordándome quién era yo
y a que lado del mar pertenecía,
ignorando por completo el color de mis lágrimas.
Él se encontró con mi camino
y marcó sus pasos
para no olvidar su pasado
y poder moldear el porvenir.
No sabía que la tierra que pisaba
era hipocresía vestida de ensueño.
Me habló de la historia que abrazaba,
de los lazos de su pueblo,
de su viaje hacia ningún lugar
del arder del corazón cuando vives sobreviviendo.
La rutina es el reloj que más me quema” le dije,
y él me respondió que había dejado de contar el tiempo
cuando supo que este también se compraba con dinero.
Justo lo que no tenía.
Me cogió la mano
y se sorprendió de lo real de mi tacto;
había llegado a pensar que al otro lado del estrecho
hasta el sol amaba sólo su reflejo.
Tampoco se equivocaba.
Sólo sus manos heridas de vallas fronterizas
consiguieron lo que ningún otro aquí:

empezar a romper mis cadenas.


jueves, 3 de septiembre de 2015

-

Han pasado muchas cosas
pero han pasado
y no he podido parar ninguna.
No he descubierto nada nuevo sobre mí
en todas estas lunas a solas con mi cabeza;
no hay ninguna habitación ahí dentro
que ansíe algo más que la revolución.
Esta mirada se pierde
en un mirar hacia adelante que no existe. aún.
En un mirar hacia atrás que, a veces,
vuelve a sonreírme con timidez.

martes, 18 de agosto de 2015

No sé si me equivoco buscando la libertad
en una sociedad que está atada,
si debería jugar con las cuerdas,
si debería apreciar el sol a través de ellas.
No sé si es este cristal
un espejismo de mis sueños,
si en mi cabeza caben más ganas
de las que existen ahí fuera
si las únicas redes que me encierran
son las que aparecen al pensar en una tierra sin fronteras.
En este pensamiento aislado
sólo puedo ver mil letras ondeando;
no estoy sintiendo nada nuevo.
Alguien inventó la libertad hace tiempo
y no nos enseñó cómo amarla.
Sólo nosotros lo sabremos, supongo.
O sólo yo la deseo, no lo sé.
Quién puso las reglas y para qué,
a quién le rindo cuentas de mis excesos,
quién esta fuera de todo: ¿yo o ellos?,
quién se equivoca de dirección
si es que alguien lo hace.
Nunca sentiremos lo mismo
y nos seguimos empeñando
en poner un nombre a los sentimientos.
Yo no sé a dónde voy,
pero sí sé a dónde nunca iría.
No quiero vivir entre 4 líneas pintadas en un suelo
que me pertenece porque algún cualquiera lo dijo,
porque las pintó otro cualquiera
que sólo pensaba en él y en su "ellos",
que nunca pensó en mí.
Quiero dejarme los nudillos
en borrar el camino que me marcaron.
Dame una tiza,
voy a pintar un circulo sin ningún continente y mil mares
que sonría diciendo:
"aquí estoy, sólo hacía falta dibujarme."



lunes, 3 de agosto de 2015

Había un cielo entre tú y yo
pero tampoco ahí cabían mis ganas,
mis lamentos de tiempos fugaces,
mis lazos para no atarte.
Había un cielo, en el que tus sonrisas latían junto a mi fe, 
en el que no pensábamos en sentir, un cielo en el que juramos volar siempre hacia el mismo horizonte;
aunque fuese lejos y hubiese países y fronteras
y personas y años de por medio
y un ejercito de miedos que no iban a censurar nuestra sonrisa.
Caímos en las primeras redes
y ninguno de los dos lo llamó injusticia.
Lo dejamos estar, lo dejamos hacerse escombros.
Lo dejamos morir de tanto regarlo primero
y de negarle hasta las lágrimas luego.
No se acabó el amor,
se cortó la raíz cuando ella nos estaba respirando
y ni siquiera fue a tiempo.
Y esa no fui yo.
Aún me veo salvándote de cualquier guerra antes de recordar cómo me llamo.
Es mi forma de decir que el tiempo pasa y no lo veo,
que los sentimientos se transforman pero no mueren,
que los años se me escapan de las manos

pero el corazón sigue suspirando siempre por los mismos colores, 
que sigue arrojando sentimientos antes de que yo los sepa nombrar.
Que esta nostalgia ya a veces consigue hacerme sonreír

y no me va tan mal.

miércoles, 1 de julio de 2015

Dejadnos en paz


Hoy me he despertado mirando la misma pared con la que me pego desde hace algunos años,
esa que llaman realidad.
He mirado el reloj y he pensado en las personas que a estas horas estarían echando de sus casas,
en las que estarían amaneciendo con la salida del sol desde un banco cualquiera,
en las que estarían apurando su abrir de ojos en un ojalá profundo de que no fuese este el último.
Juro que le hes pensado.
Me he arrastrado hacia la rutina como un ciervo que espera a que lo maten
pero que no piensa dejar de correr,
con una sonrisa cansada pero ansiosa
con la esperanza de que hoy todo fuese distinto...pero no.
Las mismas caras largas,
los mismos cuerpos vacíos,
los mismos pensamientos fotocopiados,
el mismo idiota de siempre besando esa bandera llena de sangre
que ondea por toda esta ciudad.
Las mismas gotas salpicándome en la cara,
la misma rabia al sentirlas al lado de mis lágrimas.

No voy a sonreír ante mi propia muerte,
os estoy mirando desde una de nuestras tantas cunetas
esperando ese día en el que las campanas sólo suenen cuando sea fiesta
y en esa fiesta vea todas vuestras caras bajo rejas.

Estamos conviviendo en un mundo que rompemos
mientras le ponemos parches,
y yo me paso los días dibujando en mi cabeza
cómo desdibujar las fronteras que nos separan
pero si hay algo imposible de deshacer
son los lazos de dinero con los que nos ahorcan desde hace años
y que parece que sólo yo soy capaz de ver.

No entiendo las fronteras, ni la desigualdad,
cómo alguien puede comer rompiéndole la espalda al otro.
No entiendo la palabra utopía si no significa acción para conseguirla,
no quiero escucharla más en vuestras bocas
cuando sólo esteis vomitando miedo.
Nada que queramos es inalcanzable,
pero el horizonte nos parece muy lejano
cuando lo miramos desde la ventana.
Llorar por el projimo nunca fue suficiente,
porque sus lágrimas salen de nuestras manos,
son lo que no hacemos,
lo que permitimos.
Mirar hacia otro lado no es solución,
es barbarie,
ya que dejamos a la muerte denzar a sus anchas
al menos llamemoslo por su nombre.
Es la mano ejecutora a la que odiamos,
a la que llenamos de insultos ,
pero rápidamente olvidamos la miseria del de al lado
si esa mano nos tapa la boca con comida.
Cada uno elige con quien caminar al lado.

Mil y una noches he pensado en hacerles pagar yo misma
todas las muertes que cargan sobre su espalda,
las que aún siguen provocando,
las que algunos seguis aceptando,
pero luego he reconocido en mi misma la compasión
y me ha susurrado que yo no soy como ellos
y que nunca lo querría ser.
Nadie es un santo en un mundo de diablos
pero no todos escuchamos el mismo sonido ambiente en nuestro corazón.
Sigo con la fuerza intacta porque eso, según mi madre,
es lo que tiene que hacer la juventud.
Porque los años te destrozan
y te eneñan a hostias que al final eso que odiabas ver
es lo mejor que puedes hacer,
que los malos siempre ganan
y que tú no puedes hacer nada.
Pero yo sigo pensando que no
y “no” voy a seguir gritando ante cada injusticia que pase por delante de mis ojos,
porque sólo los quiero alimentar de amor.

La lucha no muere con una bala
ni nadie que se nos siga apareciendo cada vez que soñamos despiertos.
Por eso nunca mueres, comandante, por eso siempre te recuerdo.
Porque cuando no me queda esperanza,
desde esta jaula de papel desde la que escribo esto
solo puedo creer en alguien que teniendo mil pajaros en su mano
eligió soltarlos todos y regalarnoslos libres. Todo para todos.
Seguimos aprendiendo de ti,
alimentándonos de tu historia
nadie va a conseguir nublarnos tu rostro.

Dejadnos en paz, por favor,
sólo la queremos a ella.


jueves, 28 de mayo de 2015


Los años que dejo atrás me parecen otras vidas.
Pero yo el mismo animal.
Me agazapo ante mi nostalgia,
respiro entre los espacios del reloj de arena en mi estomago
y juego al gato y al ratón con mis pensamientos. ...
Pero nunca gano.
Pero nunca encuentro donde encerrarlos.
Me decido a luchar contra ella
cada vez que cierro los ojos
pero la espada de madera con la que lucho arde cada vez que la toco.
Así empieza todo lo que no termino.
Siempre me pierdo antes de llegar al final.
Los caminos se me cruzan para convertirse en laberintos,

los ríos se vuelven lagos interminables de profundidad sentida,
las raíces de las flores que no puedo dejar de mirar
acaban haciendo un nudo alrededor de mi garganta

mientras que yo simplemente sigo mirándolas,
y el aire dibuja mis latidos en la tierra,
que no deja de moverse.
Como yo,
como todas las horas que ya nunca voy a volver a contar.
Hay números girando sin parar alrededor de mi cabeza
y yo estoy dejando que me atrapen.